Contra las drogas

Hoy, 19 de febrero, es día del Ejército Mexicano. Un ejército que, en comparación al de otros países, es casi de paz. Cuenta con una sola participación en levantamientos armados internacionales: el de aquel escuadrón que aliado con Estados Unidos, combatiera en Filipinas y en una diminuta isla paradisiaca contra las Potencias del Eje, durante la Segunda Guerra Mundial.

En los años noventas, después de dedicarse casi exclusivamente a labores de rescate, fue sacudido del polvo durante los levantamientos armados del EZLN en Chiapas. Y a mediados del dos mil, el presidente Calderón lo sacó, otra vez, de sus cuarteles donde se oxidaban las metrallas y las hummers. Ahora, botas negras embetunadas y uniformes oliváceos patrullan las más conflictivas de nuestras ciudades, todas ellas azotadas por el narcotráfico que solaparon los gobiernos presidenciales del PRI. ¿Costos? Más de treinta mil muertos, y las víctimas inocentes que, entro otros, contabiliza heroicamente el proyecto Menos días aquí. Pero yo no he venido aquí a aburrirlos con un discurso. Basta decir que a esta estrategia antinarcóticos le ha sobrado estupidez y le ha faltado inteligencia.

No, no he venido a dar, tampoco, un curso de historia. Ese nunca ha sido el propósito de este blog, a pesar de su título. Solo he venido a contaros una anécdota.

Después de un estresante y día pesado de ayer, por el cual la imagen de portada del blog portará por un tiempo una cintilla luctuosa, decidí dar un paseo, breve, iPod incluido, por el centro de la ciudad que primero fue puerto. La ruta ya la tenía marcada: ir a la librería de viejo de mi confianza. La misma que ya fue protagonista de un famoso post. Llegué con la firme disposición de embarrarme los dedos de polvo. No tarde mucho en hallar dos –valga la redundancia- verdaderos hallazgos. No, debería decir mejor: rescatar. Porque he ido a hacer labor de rescate arqueológico. Benditos aquellos, si me permiten el inoportuno paréntesis, los que fueron a tirar estos libros allí: Vecinos distantes de Alan Riding (recomendado por Iván Partida), El congreso de futurología de Stanislaw Lem y Un puñado de polvo de Evelyn Waugh. Regateé el precio del último: obtuve diez pesos de descuento. Tan pronto salí del local me dirigí a casa. Y tan pronto estuve en casa me lavé las manos y luego oriné, como si mañana desaparecieran los váteres.

Tarde en hojear los tres nuevos libros que ensancharán, desde ahora, la biblioteca a la que usted nunca está invitado a entrar. Sin embargo, una vez puesto yo con los libros sobre el escritorio, no tardé en encontrar, dentro del ensayo de Riding, un inquietante poema en un recorte de periódico de fecha y lugar de publicación desconocidos. Hoy, día del Ejército Mexicano. En medio de un cruenta lucha contra ese algo kafkiano tan autóctono que nunca podremos erradicar. Se llama Contra las drogas (título oportuno), de INDA (¿?). Entre sus versos se encuentra un espíritu nacionalista, con un intrigante final.

Juzguen ustedes mismos, queridos lectores.


hoja001

Comentarios

Fondue Knight ha dicho que…
Que poema tan extraño, no soy muy fan de los poemas con aires así, se me hacen medio forzados, pero bueno... lo que vengo realmente a escribir es que por algo también soy fan de las librerias del centro, yo los llamo "libros milagro", lástima que no todos se acerquen al menos a hojearlos :/
violeta ha dicho que…
Mi hijo a sido victima de las drogas hoy en dia esta en la vatalla de salir de ese agujero oscuro que son las drogas. Es triste ver el sufrimiento y el daño que ha hecho ese veneno maldito. Dios cuide a nuestro futuro nuestros hijos.

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