Carta a Marcela

¿Te acuerdas Marcela de aquella tarde, de tus lágrimas y del azote de la lluvia que entraba por tus ojos, cómo limpiaba tu rostro, con el frío del viento y todo lo demás, la gente a nuestro alrededor, cuando te confesé y abrí ante ti mis más sinceras y auténticas intensiones? Me habías pedido días atrás que relatara una carta mía con fina dedicatoria y yo y las miles de ocasiones que tuve a mal dirigirte mentiras y tropelías con tal de ocultar mi cobardía. ¿Una carta Marcela, es todo lo que pides? Esa pregunta me rodaba en la cabeza hasta que me he decido, como bien tienes a leerlo ahora. No me canso de arrepentirme de haberte mentido para llevarte a aquella tarde en playa Mocambo ni de la alegría que te había echo pasar, efímera alegría, de invitarte a pasarla juntos, sentados en la arena y abrigados por la salinidad del mar. Tu corazón debió explotar de alegría y felicidad cuando tu hermano te dio mi recado: Yo pasaría a tu casa para ir a Mocambo. No olvido tu cara al recibirme, te ví risueña, alegre, y yo muriéndome por dentro, matando a mil demonios que me consumían con llamaradas de ardiente magma. ¡Oh Marcela! Si hubieras abierto mi corazón en aquel instante te hubieras dado perfecta cuenta de cuanto sentía como pretendo demostrarlo hoy, con estas palabras. Moría Marcela, moría de vergüenza, de pena. Y tú, mi contraparte, mujer engañada o mujer feliz al mismo tiempo. Pero déjame contarte como no debió llegar esto hasta ahora. Y todo lo que te había dicho aquella tarde cuando la lluvia nos sorprendió en la arena, mientras la gente corría para guarecerse nosotros allí tumbados, como malditos, como dos cuerpos desgraciados y relegados de toda bendición del Universo y todo por mi gran falta, mi gran falta a tu confianza. Sé que debí haberte dicho antes, lo sé y me arrepiento de ello ahora, pero más que otra cosa, no debimos permitir que las consultas se convirtieran en algo más. Y sé que lo sabes, me lo han contado tus hermanos, que ya te había pasado antes. Juntos sobrepasamos la relación de doctor-paciente a un nivel mal sano y yo no hice nada para remediarlo. La debilidad humana no conoces profesiones ni limitantes artificiales. Fuimos débiles, locos o idiotas. Yo creyendo que me encontraba una gran amiga y tu creyendo que veías en mi un novio, no lo sé, no me atrevo a indagar en qué concepto me tenías, pero tu pasión quemó toda prudencia por salvaguardar el profesionalismo.

Yo nunca había confiado en la ayuda profesional, creía que era un invento más de unos locos intelectuales que le decían a la gente, primero, que estaba loca, para después esperanzarla de que tenían la cura y con algo de dinero a cambio podían volverle a la normalidad. Esa había sido siempre para mí la psicología, una mera invención que no llegaba a resolver ningún problema o que al menos no lo haría en mi caso. Pero te vi en la cafetería del centro, ¿recuerdas, cuando te faltaban 2 pesos para pagar la cuenta? Nos presentamos y nos dimos la mano y por algún motivo o por alguna burla la conversación llegó más allá, tal vez fuiste tu, te gusté, tantas veces me lo llegaste a decir y tantas veces negué todo aquello. O tal vez fui yo, triste, cabizbajo, con palabras que renegadas a salir de mi boca rozaban mis labios, amortiguadas. Terminaste por presentarte como psicóloga, me diste tu tarjeta. Y al otro día no dude en llamarte, como bien los sabes, concertamos una cita. Fui a tu consultorio y no me hiciste esperar demasiado. Tus preguntas fueron escasas, dejaste que hablara yo. Terminé por decirte que vivía sólo, que no tenía pareja en mucho tiempo y que no creía que nadie podría fijarse en mí. A lo mejor y soy aventurado, pero pensé que era una sesión y no adiviné lo contrario cuando pregunté a tu asistente por el costo del tratamiento, a lo cual ella me dijo que no me preocupara por el momento. Si bien yo no pedía ayuda, tú no te estabas ofreciendo a ayudarme profesionalmente. Aquellas veces no lo pensé así, y sólo me dejé llevar por la corriente. Seguimos viéndonos, y ahora recuerdo que yo pedía siempre una cita. ¿Cuántas veces debiste haber reído a mis espaldas, creyendo yo que era un trato profesional lo que había entre nosotros cada vez que hablaba a tu consultorio? No me hiciste saber lo contrario. Ni yo fui tan honesto. Debiste saberlo desde la primera cita, cuando dejaste que me ahogara en palabras, en historias de mi vida. Ahora lo sabes, si bien un poco mal y de la peor manera. Pero sabrás que una vez te platiqué de aquella muchacha que se enamoró de mí y que por medio de una carta yo le hice saber que no me interesaba en lo más mínimo el cariño que ella decía me tenía. Hasta que me dirigiste miles de preguntas, cuando yo ya estaba molestándome por ello:

-¿Cómo era ella? –preguntaste.

-Era una muchacha normal. Yo era igual, un adolescente que no sabía lo que quería, más preocupado por los exámenes.

-¿Pero había alguna buena razón para no corresponderle?

-Pues no, simplemente no me interesaba por el momento.

-¿Tan frío eres?

-No, ¿por qué? –dije un tanto contrariado.

-¿Era gorda? ¿Era eso, que ella era gorda y tenías miedo de que se burlaran de ti por salir con una llenita?

-No, no, no era gorda. ¿Por qué dices eso? No, nada que ver.

-Entonces, ¿como era ella? Dime. ¿Por qué razón no la correspondiste? ¿Era fea? Sí, todos los hombres son iguales, sólo quieren que estén buenas.

-Era bajita –contesté, por un desconocido impulso de desesperación.

-¿Sólo eso?

-No, no sólo eso. Pero si lo digo quedaré como un imbécil.

-¿Además de bajita era gordita? Así que era eso, bajita y gordita. Nada más para matar al ego de los hombres. Siento que había algo más. ¿Por qué no le correspondiste si ella te amaba tanto como me dices y tú no tenías novia? Y eso de los exámenes no lo creo del todo. ¿Dime, tenía retraso mental?

-¡No! ¡Pero qué dices!

-¡Entonces! ¡Dime!

-¿Por qué quieres saberlo? ¡No la quería y punto! Le dije que contraría a alguien que fuera como ella y que la entendería mejor que yo.

-¿Qué es eso de que fuera como ella?

-Había padecido parálisis facial algún tiempo atrás, según pienso, porque tenía la boca un tanto de lado. No comprendía bien las clases. Los maestros se desesperaban por explicarle una y otra vez lo mismo. Se retrasaba. Y cojeaba de una pierna, caminada lento, por eso era bajita, más de lo normal, porque se jorobaba. ¿Dime? ¿Eso es lo que quieres saber? Que no quise salir con una deforme, si te lo digo así quedo como un idiota, lo sé, pero lo que ella sentía por mí no podía llegar a ningún lado. No se lo pude decir con mis palabras. Le escribí una carta, una carta que sí le entregué personalmente. Ahora recuerdo las veces que apoyaba su mano en hombro para caminar y las veces que trataba de defenderme en las clases cuando a alguien se le ocurría llamarme por mi apodo. ¿Pero por qué tubo alguien como ella enamorarse de mí? Mientras que yo moría por iguales razones por otra persona que lo ignoraba del todo y que además no podía saberlo nunca

¿Recuerdas tu reacción? No dijiste nada. Yo me fui aquella tarde. Llegué a mi casa. Me recosté e intenté leer un rato. No dejaba de repetirme que debí decírtelo allí, en esa ocasión en tu consultorio cuando hablamos de la mujer que yo desprecié, y no aquella tarde en la playa. Es que ahora ya lo has de comprender mejor. Yo seguí buscándote para que me ayudaras a reconciliarme conmigo mismo, pensé que eso hacían los psicólogos. Todo fue un mal entendido. Había salido de una tormentosa relación cuando te encontré aquella tarde en el café del centro. Y aun cuando encontré a mi actual novio yo seguí viéndote. Y debo pensar que tú seguiste pensando que algún futuro podía ser posible, si bien lo que parecía nuestro entonces, porque dejamos que fuera lento, poco a poco, porque tal vez así se darían mejor las cosas. Dos días antes de aquella tarde él se enteró que salía con una mujer. Nos peleamos, como has de imaginarte y por poco y no logro explicarle la situación, lo enredado que se pusieron las cosas. Por ello debí decírtelo aquella tarde. Marcela, pedirte perdón ahora no tiene ningún sentido. Aún recuerdo haber visto a través de tus ojos que algo dentro de ti se rompía al decirte que no había sido honesto y que lo nuestro no tenía ningún futuro. Soy gay, terminé diciéndote. Y tú dijiste ¿qué? ¿Estás jugando conmigo? Mi silencio te lo confirmó. Ahora sé que todas las palabras de todos los idiomas del mundo no alcanzarían a explicar los detalles ínfimos que se nos escaparon, tanto a uno como a otro. Y no me siento mejor por ello.

Comentarios

Travis ha dicho que…
NOTA: La frase "Ahora sé que todas las palabras de todos los idiomas del mundo no alcanzarían a explicar los detalles ínfimos que se nos escaparon, tanto a uno como a otro", está 100% influenciada por la novela "El Hombre Duplicado" de José Saramago, específicamente de: "Todos los diccionarios juntos no contienen ni la mitad de los términos que necesitaríamos para entendernos unos a otros".
Ana R ha dicho que…
Un relato entre tierno, honesto y testimonial...Me ha gustado , especialmente la sensibilidad y realismo que vas dejando en él. En cada frase, en cada estrofa ...Un primera persona, un yo, que asume su naturaleza y eso, me parece, algo realmente hermoso.

Un abrazo y muy agradecida de tu paso por mi blog , de nuevo. Con lo que pienso enlazarte allá, si me lo permites.

Un abrazo
ALEX ha dicho que…
BUENO... ME PARECE QUE TU RELATO TIENE DE TODO... COMO LA BIBLIA. POR LO MENOS YO SALTÉ ABRUPTAMENTE DE UN SENTIMIENTO AL OTRO.

GRACIAS POR VENIR A MI BLOG. SIEMPRE SERÁS BIENVENIDO.
Rommy ha dicho que…
hola: increible carta, espero no recibir una así en mi vida... sabes??? logras llevar al lector a distintos climax, te felicito
pd: me dejaste perturbada con tu comentario...quizas hasta tengas razón, aunque es más belloc creer que no...jajajajaja
besos y nos leemos.
adios
Joel Langarika ha dicho que…
Travis! que genialidad la de tu pluma! aprendo de vos eso sí. saludos desde mis mares. Joel
Alexis Coald ha dicho que…
Travis

Tu escrito es elocuente y muy real, me ha gustado mucho.

Te abrazo,se feliz
Rommy ha dicho que…
hola: ya te comenté, pero igual, quiero seguir leyendote, sube algo ok?
mil besos y nos vemos
Anónimo ha dicho que…
donde andais! sube algo que queremos leerte y mucho tiempo! saludos desde mis mares. Joel
tigger_df ha dicho que…
Sin palabras no se cuantas veces te he comentado la manera en la que escribes y creo que ya esta de sobra... perdon por no entrar antes, pero sabes porque es...

saludos.

tigger
Ana R ha dicho que…
Vine de pasada a ver si habia algo nuevo...y me quedé a releerte.

Abrazos

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