El doloroso ejercicio de escribir, I

Hace no mucho tiempo que inicié esta odisea con una buena dosis de pretensión: hacer literatura. Primero a mano y con un bolígrafo de dudosa calidad. El tema no importaba, ni el género ni nada. Escribía en hojas de libreta, papeles sueltos e incluso en hojas de papel encerado utilizando tinta china y un estilógrafo (que ya pasó a mejor vida). Esos manuscritos nunca llegarán a costar millones de dólares, se los aseguro. Son auténticos ejercicios de preparatoria en los que vertía todos mis sentimientos cual caballo desbocado. Atrás quedaban la ortografía, la gramática, la semántica y la coherencia que con el que el rico idioma español ha sido forjado por las grandes plumas de su historia.

Sin darme cuenta, dediqué mucho tiempo al ejercicio de la catarsis. Ustedes saben, era yo un adolescente temeroso de todo y mi condición de intelectual incomprendido (nerd) de escasos dieciséis años no me salva ni por un poco. Aunque quería gritar por mil y un cosas que pasaban a mi alrededor, prefería enloquecer a los demás con un ensordecedor silencio, tan fuerte, que siempre fui objeto de comentarios sarcásticos del tipo “ya Travis, cállate, hablas mucho hombre”. Y ese grito no pronunciado lo convertía en palabras que concatenadas y no siempre coherentes, dejaban vislumbrar entre las persianas de los reglones un casi prominente futuro en el mundo de las letras el cual aún parece algo brumoso. De eso hace ya algunos años, los dulces años de las preguntas que nadie contesta. El uso del bolígrafo y el papel fue un impulso natural, nunca lo cuestioné y sólo dejé que fluyera hasta que, todavía cursando mi educación preparatoria, mi topé con la clase de literatura en el último semestre.

Esa época en especial fue toda una revelación. El río comenzaba a tener cierto cause, pero antes de llegar al cómo alguien va con paciencia perfeccionando su arte (incluyendo la técnica) tengo que explicar el porqué de la naturaleza de ese río desbordado. Bien, no había pasado mucho tiempo desde que me había descubierto como “niño gay” cuando advertí que cierto compañero del colegio con quien me topaba a menudo en los pasillos de los salones tuviera un efecto tan agradable y atractivo en mí. Lo sentía justo debajo del estómago, como un suave y dulce golpe que hace temblar de emoción. Era su aroma, su apariencia y su sonrisa adolescente que me parecía tan virginal como lo había sido hasta hace poco. Y aunque ya me había aceptado como “gay”, no comprendía la magnitud ni el concepto que todo ello involucraba.

Había escuchado esa palabra desde que en México, por el año de 1999, comenzó a haber cierta clase de apertura en los medios de comunicación, pero no me decía nada más. Entonces lo comprendí, al llegar ese primer enamoramiento hacia otro niño como lo era yo que, aún con esa tímida apertura y contando con que no dejaba de ser censurada por el conservadurismo religioso que caracteriza a un país tercermundista y latinoamericano, no sería fácil en todos los aspectos. Él no era mi compañero de aula pero sí de generación; no éramos amigos ni teníamos necesidad de hablarnos bajo ninguna circunstancia; no sabía si era gay o no lo era y no podía saberlo por otros porque no tenía amigos en común; no veía ninguna forma de hacerle saber mis sentimientos hacía él, siempre corría el riesgo del rechazo y de que corriera la noticia de que yo era puto, cosa que no resultaría muy agradable. Así que detestaba vivir en un país donde no se podían hablar de ciertos temas con tanta libertad, odiaba a todo el sistema educativo que no incluye el derecho a ejercer otro tipo de sexualidad que no sea la “correcta”, etc. Todo mi odio lo vertí en epístolas plagadas de indescifrables metáforas y algunas que otras figuras literarias que poco a poco fui conociendo a lo largo del curso de literatura. Dichas cartas, tachoneadas, borroneadas y manchadas de tinta, incluyendo las características que he mencionado al principio, son ahora propiedad de la clásica amiga de todo adolescente gay. Ella las conserva a buen resguardo y, desde esos dulces años de aquellas preguntas que incluso hoy en día permanecen sin respuesta, no he vuelto a leer, pero recuerdo lo malo que era aunque nadie puede negar que tenían una función psicológicamente curativa, que a la larga, resulta beneficiosa para el individuo que ejerce ese oficio, tan antiguo como respirar, llamado escribir.

Claro, se imaginarán que las cartas sólo hablaban de amor, de mi amor por ese chico que nunca resultó en nada y que nunca llegó a ningún lado porque la única persona enterada fui mi pluma y mi amiga, pero no, en la mayoría de ellas sólo dejaba soltar las preguntas “por qué”, iniciando con el “por qué soy gay” hasta el “por qué reprobé matemáticas siendo yo tan bueno”, pasando por el “por qué él no es gay igual que yo”. Siempre he sido un fatalista, siempre imagino lo peor y que todo saldrá mal. Tal vez como preparación personal ante una posible catástrofe. Así, mi amor hacia un chico terminó por esfumarse tras palabras y palabras y chorros de tinta de bolígrafo punto fino que manchaban hojas de libreta papel bond. Sin mencionar que el sentimiento de soledad me ha acompañado desde entonces. Y lo más triste aún, desde ese primer chico que me movía el tapete (como se dice comúnmente en México), no he conocido a otro que tenga el mismo impacto en mí. Se imaginarán que fue doloroso. Lo sé muy bien porque la preparatoria es una época en la que todos nos enamoramos, algunos correspondidos y algunos otros, como el autor, que nunca tuvo ni la oportunidad de ser rechazado. Mi único amante ha sido el Word quien también me ha querido ser infiel. Ya no escribo en hojas sueltas. Hecho mano de la tecnología y espero, con un poco de ayuda, seguir estando vigente en este mundo de la blogósfera.

Comentarios

Kadannek ha dicho que…
Saludos afectuosos.
Ha sido un placer poder llegar a vuestros lares, primeramente porque leo buenísimas letras, llenas de sabrosas ideas reveladoras, sinceras.

Tenés una forma narrativa tan especial, que me ha cautivado por completo. Os leí con atención desde principio ha fin, y ha sido tan agradable no hayar adornos o pretenciones literarias innecesarias.

Al igual que vos, también me inicié en esto de escribir prácticamente sin cuestionarme las razones, la idea en realidad era simplemente "escribir", hasta que ya, transcurrido el tiempo, me percate que la función principal o esencial era ( y sigue siendo) auto-conocerme, y así entender, inclusive, un poco a esta humanidad.
Es una verdadera lástima que la sociedad sea tan intolerante con personas con otras ideologías y filosofías de vida, como con otra condición sexual (por decirlo así), pero al menos las gentes se están liberando (o intentando al menos) para decir lo que son sin miedos.

Un abrazo, ha sido muy enriquecedor leeros.
*AntagoniSta* ha dicho que…
"Porque el arte insufla vida a lo que no tiene vida, muerte a lo que es eterno. Porque en realidad el arte es preferible al maravilloso terror de la vida. Porque el mundo se vuelve a inventar cada día. Porque escribir, en la inmensidad inimaginable de todos los espacios, es todavía la mayor de las aventuras."
(Robert Coover).

Hoy solo sé, que las letras son libres, me definen, y a veces me matan para demostrarme que puedo revivir.
Maravillo texto Travis, un gusto recorrer tus letras.

Besos y abrazos.
Rakro ha dicho que…
Es bueno seguir leyendote... Y en esta especial ocasión me indentifico en más de una cosa...

La sinceridad de tus letras me agrada mucho... Espero que sigas regalándonos tus anécdotas...

Saludos
Un abrazo
Ana R ha dicho que…
La naturaleza que es muy sabia, es la que nos dicta nuestras inclinaciones sexuales.Lo lastimoso es que la sociedad que nos rodea no sea siempre tan sabia.
Hay en este texto tuyo un testimonio tan objetivo y claro que a ratos , duele al lector.Como duele ese primer amor, atracción y está censurado por ciertas moralinas que lo abocan al fracaso.Pero no te rindas, amigo.Porque en esta vida la esperanza siemore está ahí, bordeando el destino.

Un abrazo grande.
Kadannek ha dicho que…
Vuelvo para dejaros mis saludos y cariños.
Ana R ha dicho que…
Y yo tambien regreso a dejarte mis saludos Y...un abrazo
Rommy ha dicho que…
amigo, que bueno es leerte, que envolvente palabras nplasmas, realmente se gardece tener este tipo de contacto con gente sincera, honesta y sobre todo tan valiosa, no sé se agradece esa abertura de mostrarnos tu vida desde un punto tan sencillo, confieso que también viví cosas similares a las tuyas, sin importar la condición sexual de cada uno... mil besos y nos estamos viendo... seguiré vagando por tu espacio en la blogosfera
tigger_df ha dicho que…
no se nada de ti ! estas bien ?
pato ha dicho que…
Realmente no se que decir .... Trabajo en teatro , ahí he conocido a mis mejores amigos , cuando ingresé me parecieron hermosas personas , hoy puedo decir gracias Sr por habelos puesto en mi camino .
Gracias por mostrarnos a la sincera y honesta persona .
Un abrazo .
Nix Weekroots ha dicho que…
Hola, me gusta la manera tan ligera en que narras, me identifico con una que otra cosa de las q mencionas... pues que pena que hasta ahora las cosas te hayan ido así...aunque viendo el lado positivo te han dejado una narrativa bastante agradable :p estaré siguiendo tu blog, saludos.
Gustavo ha dicho que…
Gracias Nix por pasar, leer y comentar. Saludos!

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